Hay destinos que atraviesan una mala época. Y hay momentos en los que la realidad de un país hace que viajar sea muy difícil. Cuba, está viviendo uno de esos momentos. La falta de combustible, los apagones prolongados, los problemas de suministro y de agua y unas carencias que afectan a lo más básico están haciendo que la vida cotidiana sea extremadamente difícil.
Cuando el turismo se detiene, no desaparecen solo los viajeros. Se resiente toda una forma de vida.
Y cuesta especialmente verlo en un país que tantas veces nos ha recibido con los brazos abiertos. Cuba es, para muchos de nosotros, un país hermano. Un lugar donde la alegría, el optimismo y la cercanía de sus gentes consiguen contagiarte incluso en las circunstancias más difíciles.
CUBA SIGUE ESTANDO AHÍ. Sigue teniendo su música, su cultura, sus playas e historias, y esa manera tan especial de conectar con quien llega. Pero hoy no podemos mirar Cuba solamente con los ojos del viajero, tenemos que mirarla también con los ojos de quienes viven allí.
Y quizá eso sea lo más importante: entender que viajar también es saber cuándo un destino necesita que lo miremos, aunque todavía sea tan complicado ir.
Quizás ha llegado el momento de que algo cambie. Después de tantos años, de tantas dificultades y de tanto sufrimiento, quizás ya sea hora de dejar que Cuba pueda respirar, decidir su camino y volver a abrirse al mundo. Y quizás también, Estados Unidos tenga que aflojar esa mano que lleva demasiado tiempo apretando.
Porque Cuba necesita cambios, sí. Pero también necesita oportunidades.
Y ojalá algún día podamos volver a viajar allí no solo porque las circunstancias lo permitan, sino porque Cuba pueda volver a recibirnos como siempre lo ha hecho: con una sonrisa, con alegría y con los brazos abiertos.